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TENGO GANAS DE...

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GENTE QUE SE PESA

5 de septiembre de 2014.
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DERROTANDO EL DESALIENTO

4 de septiembre de 2014.
El desaliento, es como un pulpo que amenaza, que está ahí silente, esperando con sus tentáculos prestos para atraparnos, para robarnos la voluntad. Es un poderoso enemigo que acaba con cualquier individuo que no esté alerta, que no viva activo y motivado. El desgano, se origina cuando nos descalifican y nos inducen al fracaso, cuando nos dicen que no podemos lograr tal o cual cosa, o cuando nosotros mismos nos convertimos en los verdugos del propio ser, y apostamos a la desmotivación.

Es bien sabido, que todos, de una u otra manera hemos pasado alguna vez por estas situaciones. Es como si nos extrajeran el aire de nuestro globo personal, y poco a poco, como el crepúsculo de la tarde, pereciéramos sin defensa. Con Cada hecho nefasto, escollo, o supuesto fracaso, nos vamos “desinflando” y lentamente perdemos esa sobriedad, ese garbo que da la satisfacción del logro, y nos instalamos en los terrenos de la baja autoestima, de una manera tan patética que terminamos creyendo en las predicciones de los falsos oráculos: “Ese era tu destino” Y esto, no es una suerte. No se nace con estrellas o se viene a este mundo “estrellado”, sino más bien es cuestión de identificar las verdaderas causas que impiden alcanzar las metas para convertirnos en triunfadores.

De hecho, son muchos los motivos que originan el desaliento o desgaño: En primer lugar tenemos las limitaciones que nos imponen los demás desde su propia perspectiva. Los que miran a los otros a través de sus primitivas actitudes de escasez o fracasos. Son esos mísiles de desgaste y desmotivación que oportunamente son lanzados con las sentencias “no podrás hacerlo, es difícil, no es el momento, nacimos pobres, así es la vida, hay que conformarse” y otras frases no menos alentadoras.

Por otra parte, tenemos el miedo, ese temor que nos convierte en seres inseguros, que se origina por la ignorancia y el desconocimiento. Se alimenta de las actitudes de reserva y amilanamiento, las mismas que se fueron fortaleciendo desde la infancia, cuando nuestros padres o aquellas personas mayores con las cuales crecimos, cercenaban la virgen iniciativa, propia de un ser que actúa movido por la curiosidad y el deseo de comprender, al sumergirnos en un mar de prohibiciones y reglas: “no toques, no preguntes, no hables cuando lo hagan los mayores, cuidado lo rompes”, y otras por el estilo.

Es ese miedo que captamos desde muy pequeños cuando crecemos cerca de personas que nunca se atrevieron, que jamás desafiaron los caducos paradigmas, que se instalaron sedentariamente en parcelas de conformismos, que creyeron plenamente en la suerte de unos y las desdichas de los otros, que perpetuaron el modelo “los de arriba y los de abajo” esas son las personas que abanderan al desaliento, que lo consideran una herencia, un legado, incluso a sabiendas que el miedo paraliza, estanca, aliena y conduce al fracaso.

Afortunadamente, el mundo evoluciona. El ser humano cada vez más consciente de sus potencialidades está abocado a dejar atrás toda esa carga de conformismos y desalientos y se abre con optimismo a otra suerte de crecimiento y satisfacciones. Se desviste de esas capas que por años lo arroparon y limitaron sus capacidades. Ahora corre, busca, investiga y procura su felicidad, pues ha descubierto que es un ser capaz de lograrlo todo, si le pone la energía y la voluntad requerida para alcanzar sus propósitos. Reconoce que los cerebros y los corazones no distinguen de clases sociales, que las oportunidades existen si las sabemos buscar, pues hay
pers
nas que teniéndolo todo no hacen algo productivo y otras, sin tener absolutamente nada, se convierten en edificadores, en constructores del éxito. Siempre me he imaginado que cuando Dios creó a los hombres abrió sus manos y dijo: “hijos míos, vayan en busca de su felicidad” entonces unos corrieron a toda prisa, otros recogieron el paso, pues pensaban ¿para qué apurarse? y algunos se detuvieron en el camino, dado que se fatigaron antes de comenzar. Estos últimos son los creadores o pioneros del desaliento.

Es cierto, algunas personas logran sus propósitos con mayor rapidez o facilidad, pero eso no es razón para que desistamos de nuestros objetivos, porque aquello que logramos con esfuerzo, y sacrificio conlleva a inyectarnos una invalorable dosis de aliento.

En consecuencia, es perentorio que nos llenemos de alegría, confianza y seguridad. Derrotemos al temor y al desaliento. Resistamos las críticas, aprendamos de ellas para reconocer las debilidades particulares, Corramos a buscar esa felicidad que Dios nos encomendó. No esperemos a sentir pena por nosotros mismos, cuando al final de nuestros días tengamos que hacer un balance y los “debes” sean mucho mayores que los “haberes” en esa cuenta personal que es la vida propia.

Son infinitas las maneras de crecer, de dejar dignas huellas. No perdamos antes de empezar, no nos cansemos antes de comenzar a recorrer el camino.

FUENTE VIANNEY VALLENILLA
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VIVE AL MAXIMO

“Por mucho tiempo pensé que la vida estaba a punto de comenzar, la verdadera vida. Pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo de lo que había que ocuparse, algún asunto por terminar, un tiempo más por  trabajar, una deuda por pagar. Entonces, si, la vida comenzaría. Finalmente terminé por descubrir que todos estos obstáculos eran mi vida”.
Vive al maximo




Estamos de paso en esta vida, y algunos de nosotros, y muchos instantes de nuestro tiempo, lo hacemos pesado, tenso, doloroso y, hasta tedioso. Eso es precisamente no seducir el deseo de vivir al máximo. A veces necesitamos una reflexión, una parada para llegar más lejos, una lectura para reflexionar y seducir mejor tu vida…

Siempre que experimentes algo hermoso, tenemos encuentros con nuestra alma. Ese momento de respiración interior, esa pausa y esa conciencia de lo bello, es una plegaria de agradecimiento, un momento de gratitud en el cual contemplas la belleza y te haces dueño de ella. Comienzas a seducir tu vida. Pero ¿Qué tipo de experiencias son las que pueden alimentar tu alma? Aquí no podemos dar recetas, es algo que sólo tú puedes saber y experimentar. Lo que resulta satisfactorio para una persona, puede significar exactamente lo contrario para otra. A mí personalmente me gusta sentir la naturaleza, pasear por la playa o subir a una montaña, la comunicación con la naturaleza me transporta a un tiempo espiritual. Escuchar o interpretar música es una experiencia espiritual para algunas personas…

Aunque cada persona experimenta lo espiritual de una manera muy diferente, pero todos tenemos la necesidad y el derecho de dedicar parte de nuestra vida al cultivo del espíritu. Esto no es fácil. Hay muchos obstáculos. Tenemos que soportar la presión de esa parte de nuestra psique orientada al trabajo, con frecuencia defensiva, que mide el valor de nuestra vida sólo en función de resulPor desgracia, algunas personas esperan hasta sufrir un ataque cardiaco, o una ulcera, o un hijo adolescente en problemas, o que su esposa los deja, para empezar a prestarles atención a las necesidades de su alma. Son estas experiencias dolorosas las que los motivan. Pero no hay por qué esperar hasta que la situación se vuelva desastrosa. Tú puedes abrirte a la posibilidad de nutrir tu alma y convertir esta tarea en una prioridad. Toma atenta nota a la forma cómo gastas tu energía vital haciendo cosas que no te enriquecen espiritualmente.

Las responsabilidades cotidianas,  como llevar a los niños al colegio, pagar las cuentas, hacer el mercado, acaban por invadir todos los momentos de la vida. Y cuando estamos tan absorbidos por este cúmulo de tareas, no nos quedan muchos momentos para vivir experiencias espirituales.

Como las cualidades que conducen al éxito son sobrevaloradas nos dedicamos a desarrollarlas; para acomodarnos a las expectativas, recortamos de nosotros mismos aquello que no es valorado por los demás, y en este esfuerzo terminamos por perder parte de nuestra alma. La pérdida de lo espiritual produce una nada, un vacío, que tratamos de llenar con actividades rutinarias, porque este es el camino de menor resistencia: sentarse al frente del televisor, trabajar un par de horas más, o cumplir con alguna tarea de las que tenemos en la lista de pendientes. Pero todavía es tiempo de realizar cambios en nuestra vida que nos permitan recuperar esas partes pérdidas  de nosotros mismos,  esas  partes abandonadas  del alma. La  decisión de reconectarnos  con nuestra alma es la mejor manera de seducirla, de llenar espacios nunca antes
tados – qué tanto producimos- y no en funcióçón de la calidad de nuestras experiencias.
Vivimos en una cultura materialista, que valora ante todo la productividad.



 
poblados, de sentir plenitud por lo vacío y riqueza por la nada.

Reencuéntrate con esas partes silenciosas de ti mismo, que se han atrofiado por falta de uso. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué me hacia feliz cuando era niño: la pesca, la jardinería, el trabajo manual, la escultura, la talla de madera o la pintura?

Cuando descubras que hay algo que alimenta tu espíritu y te proporciona felicidad, ten cuidado de abrirle un espacio en tu vida (en el buen sentido).

Cuando uno atiende las necesidades de su alma, experimenta un sentimiento de libertad. Cuando estamos absortos en una actividad que alimenta el espíritu nos sentimos liberados, creativos, ajenos al paso del tiempo y en armonía con nosotros mismos. Cuando ignoramos las cosas del alma y sólo nos dedicamos al trabajo, tenemos la sensación de vivir prisioneros, estamos tensos, porque cargamos sobre nuestros hombres todo el peso de nuestra infelicidad. Por el contrario, las experiencias que nutren el alma nos disponen para responder a la belleza que nos rodea, en los otros y en el mundo. A partir de mi propia experiencia, la contemplación de la belleza es una vía de acceso al alma. Si hay belleza en nuestra vida, nuestras cargas se harán más ligeras y las asumiremos con una mirada diferente. Mirar a los ojos a alguien que contempla la belleza es como mirar a través de las ventanas del alma. Cada vez que vislumbramos la profundidad del alma, cada vez que retenemos el aliento y sentimos la belleza, sabemos que el alma está presente.



Fuente:Juan Carlos Carames
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