COMO SUPERAR EL ABANDONO

16 de abril de 2011.
Abandono, abandonar, abandonarse. Palabras, conjugaciones “casi inocentes” en el mundo de los adultos. “Me abandono”, “No lo puedo abandonar”, “Me he abandonado”, “¿Cómo soportar el abandono?”, “¿Qué hacer cuando te abandonan”.
Infinidades oraciones y expresiones gramaticales. Y la mayoría de las veces, la misma sensación en el alma: un vacío existencial; un agujero en el corazón por el cuál no se cola el sol¿Qué hacer? ¿Qué no hacer? ¿Cuándo se quita el dolor del abandono? ¿Cómo superarlo? ¿Cómo enterrarlo en el olvido? ¿Por qué todos me abandonan?
El abandono en sí  mismo implica  acción y efecto de “abandonar o abandonarse”, es decir requiere de un sujeto agente de la acción y otro en el que recaiga la acción, aunque puede ser uno mismo el que acciona y recibe. Pensemos en esto un segundo; “aunque sea yo quién abandone algo” en algún punto “también me estoy abandonando” pues “lo que hoy abandono es algo que había elegido en el pasado, algo que era importante para mí, algo que me hacía sentido”. Abandonar es de alguna u otra forma intricada, abandonarse. Y abandonarse implica “retirada, dejar sin amparo, apartarse, descuidarse, etc.  Cuando estamos en pareja  y el otro nos “abandona”, se rinde; deja de entregarse a la relación, ya no confía en que esto que teníamos sea lo que quiere para su vida,  decide no apoyar la relación, presta desinterés por lo “nuestro”. Sin embargo en el “abandonado” la versión de la historia es diferente. Sentimos que “nos dejan de lado a nosotras, que no somos importantes, que nos desprecian, que no cuelgan como unos botines viejos, que nos dejan a lo último, olvidados, con indiferencia, desdén, apatía”.
Sufrimos porque ese otro “nos relega” a un pasado maravilloso que sólo existe en el recuerdo, y nos “coarta” los sueños del futuro. ¿Qué  haremos ahora? ¿Qué hicimos mal para que nos abandonen otra vez? ¿Para qué nos dejen como un trapo, como un perro de nadie –  como diría Sabina?
Nos llenamos de dolor, de ira, de resentimiento, soñamos con vengarnos o dar lástima, manipular la situación, renunciar al amor para siempre; paralizar las emociones, y recordar por siempre el abandono.
Vivimos injustamente la desidia de ese que se cree “más que nosotras”, ¿Cómo se atreve a abandonarnos? ¿Quién es? ¿Qué le pasa?
Y permanecemos atadas al evento todo el tiempo que sea necesario y requerido por nuestro corazón herido.
Al cabo de algunos moretones emocionales preguntamos, ¿cómo superar el abandono?
Y la respuesta está  en tus manos.

Superar el abandono:

En principio deberíamos retroalimentar nuestra mente con mensajes y conversaciones que nos den poder personal en lugar de restarlo. ¿Qué quiero decir? Que debemos dejar de pensar en el abandono como una posibilidad para nosotras. Y entender al abandono en si mismo o posibles de sujetos de él, cuando estemos en situaciones de indefensión. ¿Entiendes?
  • Te abandona quién te atropella en la calle y huye.
  • Te abandona quién debe darte una medicina que tú no puedes proveerte sola.
  • Te abandona quién no te da primeros auxilios.
  • Te abandona quién en una situación extrema no te da de comer…
Es decir, debemos empezar a ver al abandono en relación a un contexto de indefensión.
Eso quiere decir que debes dejar de sentirte “abandonada” porque tu marido o novio no quiera estar más contigo. O porque tu marido se fue con una mujer menor. Esta discriminación es fundamental. Porque ya no somos niñas. No necesitamos realmente de nadie más allá de nosotras mismas para vivir. En un tiempo inicial necesitábamos de verdad de nuestros padres para vivir, ellos nos proveían los alimentos, la vestimenta, la recreación. Si ellos no actuaban si nos abandonaban en nuestras necesidades, urgencias que NO podíamos cubrir por nosotros mismos. Pero ahora no requieres de eso; contigo misma es más que suficiente, que elijamos vivir y compartir con otros no implica que no podamos hacerlo solas.
Cuando empieces a aceptar que nadie en una situación de no indefensión te abandona, que las relaciones tienen fecha de caducidad, que todo es relativo, aprenderás a vivir sin el apego que te vuelve vulnerable a los cambios.
Sólo te abandonas tú, cuando no confías en ti, cuando crees que si el otro no te ama tú no tienes sentido; cuando “crees necesitar de los demás” para ser feliz, cuando no te das cuenta que tienes una vida que te pertenece, cuando sólo tú eres responsable de tu vida.
Esa sensación inexacta de abandono es una conversación interna que cierra posibilidades para tu vida de adulto. Muchas mujeres la tienen pero quienes están reclamando ese abandono no son ellas de adultas, sino sus niñas heridas. Si de pequeñas no fueron satisfechas tus necesidades de amparo, contención y amor; de grande tu niña hará los berrinches pertinentes. Exigirá un amor desmedido, una cuota de atención extrema.
Pero lo que no se cubrió en la infancia no lo podrás cubrir en el presente. Pero si puedes comunicarte con tu niña interior, y hacerle saber que tu mujer adulta se hará cargo de ella. Que tú como adulta podrás satisfacerla en amor, porque ambas se tienen, y pertenecen.
Suelta el pasado, revela tus carencias, hazte consciente de lo que requieres. Ve por ello. Si tienes una pareja que se termina, si dejan de amarte como mujer, si ya no existe el atractivo físico, no te azotes creyendo “tú eres la culpable”, “que siempre será así”, piensa que mientras duró fue bello, piensa que él ha sido un maestro en tu vida. Se terminó una relación. Pero nadie más que tú misma termina contigo. ¿Entiendes?

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